La cocina mallorquina, un centro de gravedad permanente

cocina mallorquina

Battiato se ha ido a medias, porque en las calles era mayo y caminábamos juntos contando entre bromas manojos de ortigas. Y eso ya es para siempre. Ocurre lo mismo con la cocina mallorquina, entendida como el conjunto de platos típicos que representan esta tierra.

Las cocinas tienen algo de centro di gravità permanente. Son el corazón, el núcleo de una casa. En la cocina uno se confiesa desde la yema y hasta donde haga falta; ante una salsa o delante de un postre, qué más da. Los fogones son hogar y nido, pura intimidad. La sal de la vida.

Busco un centro de gravedad permanente que no me haga cambiar mi idea de las cosas de la gente una y otra vez…

Comida mallorquina

En realidad, todo está relacionado. En Assaona sabemos de lo que hablamos porque cuando nacimos pensamos en un nombre que resumiera todo lo anterior. Y con esa idea dimos con el verbo mallorquín assaonar: adobar, componer, especiar. En definitiva, conservar el sabor, mantener la esencia, llegar a la entraña. El centro de gravedad, otra vez.

Las palabras tienen el poder de conceder a las personas el don de la ubicuidad si uno se deja llevar por el camino que recorren. Te permiten conocer y degustar la gastronomía típica, en este caso de Mallorca, sin moverte de donde estés. A través del verbo sazonar podemos llegar a encontrar la chispa, que es la sal.

Qué bien lo hacían las madonas mallorquinas, jefas de sus casas y de sus cocinas, aunque no fueran suyas. Sabían encontrar el punto de madurez de las cosas y desnudar el tiempo hasta descubrir el fondo eterno del respeto.

 

Ahora ya sabes cómo y dónde estamos, por si alguna vez te despistas de tu centro…

 

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